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23 de dezembro de 2012

Agricultura urbana auto-suficiente


O vídeo supra é uma excelente síntese do espírito distributista: pequena/média propriedade privada + livre iniciativa individual genuína = liberdade autêntica.

24 de maio de 2012

De ricos, riquezas y amor al prójimo

Cortesía de Stat Veritas.

De ricos y riquezas.
“Cristo llamó inicuas a las riquezas porque en su tiempo en el Oriente no había ninguna gran fortuna ganada con honradez, sino con iniquidades; y en nuestro tiempo tampoco. Un hombre que tiene 1.200 millones de dólares, ó 200 millones (o un millón si vamos a eso) no los ha ganado con su trabajo, por importante que su trabajo pueda haber sido: los ha ganado o malganado estafando o explotan­do el trabajo ajeno; y si él no, sus padres o sus abuelos. Cuántos hay que por dejar una fortuna a sus hijos —y a veces ni siquiera a los hijos sino al Estado, que hoy día arrebatiña las herencias— se van por la posta al Infierno; porque el que tiene dinero malganado tiene que restituir; y como a veces no sabemos seguro si el dinero que tenemos nos corresponde en justicia (la sangre del pobre) con dar limosna al pobre nos ponemos en lo seguro. Buen negocio, dijo Cristo. Si esto es así, entonces lo mejor es no tener dinero —dijeron los Apóstoles. Verdad es eso —dijo Cristo— pero eso no es posible a todos. Algunos tienen que tener dinero (incluso mucho dinero) y administrarlo bien; y algo de dinero tienen que tener todos. Hasta Cristo tenía algo de dinero; pero el que lo llevaba y lo guardaba, era Judas”.

R.P. Leonardo Castellani, “El capataz camandulero”, en “Domingueras prédicas II”.


Del amor al prójimo.

“La participación afectiva, o sea, de la verdadera simpatía, es condición del amor a la humanidad; si no simpatizamos en forma habitual y continua con los prójimos, no podemos decir que amamos a la humanidad. Y el amor a la humanidad es condición y escala del amor personal a Dios y a la persona espiritual de nuestro prójimo...”
“Si no hay un amor real al prójimo, el amor de Dios es ilusorio. No podemos propiamente poner valores en el alma ajena, sino a lo más suscitar el movimiento ascencional del alma ajena. La persona es impenetrable, y quien la quiere hacer buena a la fuerza, o, mejor dicho, cuando la fuerza es vista como el medio principal para mejorar a una persona, lo único que se consigue es que la persona se rebele y cierre el alma. Lo primero que se puede y debe hacer es amar bien a la persona (y ese amor es el bien moral fundamental, según el Cristianismo) y así suscitar otro amor bueno, el cual también tiene fuerza ascencional. Eso es todo lo que podemos, y no es poco”

R.P. Leonardo Castellani, “Max Scheler”, en “Filosofía Contemporánea”. Inédito. La cita está abreviada.

7 de maio de 2012

Uma excelente introdução ao distributismo


O livro “Beyond Capitalism & Socialism: A New Statement of an Old Ideal”, obra colectiva organizada por Tobias J. Lanz constitui uma excelente introdução ao distributismo, sendo leitura ideal para todos os que pretendam conhecer essa doutrina e travar um primeiro contacto com os fins prosseguidos pela mesma.
Trabalho dividido em três partes principais, na primeira delas define-se o distributismo por contraposição ao capitalismo liberal e ao socialismo. Enquanto nestes dois últimos sistemas a propriedade dos meios de produção ou é concentrada por uma restrita e influente classe plutocrática (capitalismo liberal), ou é dominada na sua totalidade pelo Estado (socialismo), e em qualquer dos casos sempre com grave prejuízo da liberdade da esmagadora maioria dos membros da sociedade, forçados ao servilismo ora face à plutocracia, ora face à nomenclatura estatista, o distributismo propõe alternativamente:
- difusão tão ampla quanto possível das propriedade privada dos meios de produção;
- como decorrência do ponto supra, a disseminação das pequenas e médias empresas, bem como das cooperativas, com a passagem do maior número de pessoas do estatuto de empregados dependentes para o de proprietários livres e responsáveis pelo seu destino;
- e, como corolário dos dois anteriores pontos, a aproximação entre produtores e consumidores, com a eliminação de intermediários e a realização da vida económica a um nível eminentemente local (“small is beautiful”).
Numa segunda parte, “Beyond Capitalism & Socialism” apresenta os principais mentores doutrinários do distributismo, resumindo os pontos mais salientes do pensamento de figuras bem conhecidas como Chesterton ou Hilaire Belloc, e outras menos conhecidas como o Padre Vincent MacNabb, um dominicano inglês de cepa obviamente tomista, ou o Padre Heinrich Pesch, um jesuíta alemão cujo pensamento económico influenciou directamente a redacção da encíclica “Quadragesimo Anno”, do Papa Pio XI.
Finalmente, na terceira e última parte, o livro aborda os moldes em que o distributismo poderá ser aplicado nas sociedades contemporâneas e a forma pela qual estas se poderão tornar mais distributistas e menos capitalistas/socialistas.
A este propósito, convém sublinhar que o distributismo não é uma ideologia revolucionária, desenvolvendo antes a sua actuação com estrito respeito pela lei moral ou natural e tendo sempre em vista a prossecução do bem comum do todo social. Assim, o distributismo não pretende enveredar pela perigosa via da engenharia social, mas ao invés criar uma ordem económica alternativa assente na autêntica propriedade privada e no genuíno mercado livre, por contraposição ao servilismo inerente à economia de interesses egoístas do capitalismo plutocrático ou à economia centralizada do socialismo burocrático estatista.
Para concluir, dir-se-á tão-só mais o seguinte: pelo exposto, “Beyond Capitalism & Socialism” é uma leitura obviamente recomendada.

10 de abril de 2012

Lorax



Um delicioso filme de animação que assume - muito para além do simples aspecto da defesa ecológica e preservação da natureza com que a crítica o tem conotado - uma subtil mas não menos efectiva mensagem contra o Estado servil na sua vertente plutocrática. A ver e descobrir. Autêntica e espontaneamente distributista.

7 de março de 2012

Distributismo prático em acção

Na Grécia, através da aproximação entre produtores e consumidores, exemplificada na venda directa de batatas ao público que os agricultores helénicos iniciaram recentemente, com a consequente eliminação de intermediários. Ler aqui e aqui.

4 de março de 2012

Da aplicação do distributismo nas sociedades contemporâneas

Deixo abaixo mais um importante artigo de Juan Manuel de Prada, onde se analisa a viabilidade da aplicação do distributismo nas sociedades contemporâneas, transcrito com a devida vénia do “Religion en Libertad” e originalmente publicado no semanário católico madrileno “Alfa y Omega”.

***

Hilaire Belloc y G.K. Chesterton consideraron siempre que el capitalismo era la gran plaga que impedía la floración de una sociedad auténticamente cristiana, por haber introducido la competencia en las relaciones conyugales, desarraigado al hombre de su tierra y nublado las virtudes de nuestros mayores, convirtiendo a los seres humanos en máquinas al servicio de la producción. «El capitalismo -escribiría Belloc- constituye una calamidad no porque defienda el derecho legal a la propiedad, sino porque representa, por su propia naturaleza, el empleo de ese derecho legal para beneficio de unos pocos privilegiados contra un número mucho mayor de hombres que, aunque libres y ciudadanos en igualdad de condiciones, carecen de toda base económica propia».

En la grandiosa encíclica Rerum novarum (1891), de León XIII, en la que se condenan las condiciones oprobiosas, lindantes con la esclavitud, en las que vivía una muchedumbre infinita de proletarios, hallarían Chesterton y Belloc el aliento para impulsar, en compañía de Arthur Penty y el padre Vincent McNabb, un nueva doctrina económica, alternativa al capitalismo y al socialismo, cuyo fin último es promover el Reinado Social de Cristo.

El distributismo se funda en las instituciones de la familia y la propiedad, pilares básicos de un recto orden de la sociedad humana; no cualquier familia, desde luego, sino la familia católica comprometida en la procreación y fortalecida por vínculos solidarios indestructibles. Tampoco cualquier propiedad, y mucho menos la propiedad concentrada del capitalismo, sino una propiedad equitativamente distribuida que permita a cada familia ser dueña de su hogar y de sus medios de producción. El trabajo, de este modo, deja de ser alienante y se convierte en un fin en sí mismo; y el trabajador, al ser también propietario, recupera el amor por la obra bien hecha, y vuelve a mirar a Dios, al principio de cada jornada, con gratitud y sentido de lo sagrado, santificando de veras sus quehaceres cotidianos.

Por supuesto, la sociedad distributista preconizada por Chesterton y sus amigos se rige por el principio de subsidiariedad y por la virtud teologal de la caridad, que antepone el bien común al lucro personal. Se trataría de lograr que cada familia cuente con los medios necesarios para su subsistencia, bien mediante la producción propia, bien mediante el comercio con otras familias o comunidades de familias, con las que se asociará para realizar obras públicas y garantizar la educación cristiana y el aprendizaje de los oficios para sus hijos.

Los gremios vuelven a ser, en la sociedad distributista, elemento fundamental en la organización del trabajo.

El distributismo no postula una sociedad de individuos iguales, empachados de una libertad que acaba destruyendo los vínculos comunitarios, sino una sociedad verdaderamente fraterna, regida por los principios de dignidad y jerarquía, en la que mucho más que el bienestar importa el bien-ser.

Algunos la juzgarán una sociedad utópica; yo la juzgo perfectamente realizable, en un tiempo como el presente, en que el capitalismo financiero y el llamado cínicamente Estado social de Derecho se tambalean, heridos de muerte. Sólo hacen falta católicos radicales e intrépidos, con poco que perder (el soborno del mundo) y mucho que ganar (la vida eterna).

Juan Manuel de Prada

8 de janeiro de 2012

O Pingo-Doce e o Distributismo



Perante esta clara manigância fiscal, muitas vozes (nomeadamente da Esquerda) têm-se insurgido contra este tipo de práticas. E, verdade seja dita, insurgem-se com razão, embora não do modo mais correcto.

Uma empresa tem, além da responsabilidade para com os seus accionistas, também uma responsabilidade social. Ou seja, a empresa não nasce num vácuo. A iniciativa privada não gera riqueza a partir do Nada, como uma espécie de creatio ex nihilo. Uma empresa também retira dividendos de se instalar num local em que existe Estado. Na verdade, uma empresa não pode lucrar se não existir Estado. Os lucros de uma empresa dependem de uma série de infra-estruturas que não dependem do investimento dessa empresa, mas do investimento público: electricidade, água canalizada, vias de transportes de bens e pessoas, segurança pública, Estado de Direito... tudo isso foi pago pelo Estado, por todos nós, com os nossos impostos.

Daqui decorre que a empresa tem o dever de pagar a sua quota parte desse investimento público. Nomeadamente, tem o dever de pagar os impostos que lhe cabem. E tem o dever de restituir à comunidade aquilo que a empresa dela retira para obter o lucro... a empresa tem o dever de contribuir activamente para o desenvolvimento da comunidade / país onde se inseriu.

Esta contribuição vislumbra-se tão mais significativa e necessária quando o país se encontra em sério risco de bancarrota. Porque se os empresários, que são os indivíduos mais ricos de um dado país, se eximem a pagar os seus impostos numa conjuntura destas... o que teremos é que todo o peso de uma dívida obesa irá recair sobre aqueles que menos têm, aumentando a tributação sobre aqueles que necessitam do mínimo euro para ter uma existência digna, para terem comida sobra a mesa, para terem a medicação necessária à sua saúde, para terem o mínimo de bem-estar para as suas famílias.

Daqui vislumbra-se uma potencial injustiça. Aqueles que podem (porque têm recursos legais e financeiros para tal) fogem aos impostos, enquanto aqueles que não podem são forçados a suportar o peso fiscal quer do Estado, quer das empresas que recorreram a estas artimanhas.

Na minha perspectiva, esta falta de solidariedade é imoral, injustificável e até pecaminosa.

Neste contexto, a blogosfera de Direita (como é do costume) acorreu imediatamente a justificar e a defender os empresários. Os seus argumentos são os seguintes:

1) A carga fiscal é excessiva para as empresas. É um dever das empresas eximirem-se a esta "roubalheira" através de todos os meios possíveis.

Meus caros, a carga fiscal, neste momento, é excessiva para todos. Não me digam que um empresário tem mais dificuldade em pagar os seus impostos do que alguém da classe média. A única coisa que os empresários têm é mais facilidade a eximir-se à carga fiscal excessiva. Mas isso, como já disse, sobrecarrega os que não possuem tais facilidades. É uma falta de solidariedade intolerável.

2) O Estado limita-se a desbaratar o dinheiros dos impostos. Não são as empresas que têm culpa da dívida pública. Pagar os impostos em Portugal é apenas um pretexto para ser-se "roubado", sem que nada mude.

Concordo que o Estado não tem feito bom uso dos nossos impostos. Concordo que há muito despesismo e corrupção que permanecem intocáveis pelo Estado. Concordo que a forma como os dinheiros públicos têm sido utilizados nada faz para que o país saía da crise.

No entanto, é ao Estado que cabe a cobrança dos impostos. E a cada um de nós, quer individual, quer colectivamente, cabe o dever de os pagar.

Se cada um se justificasse a não pagar impostos sempre que discorda da forma como esses impostos são aplicados, isso faria com que ninguém tivesse que pagar impostos. Porque é impossível agradar a 100% a todos no que à gestão pública diz respeito. Seria um precedente terrível que levaria ao colapso do Estado.

As empresas retiram um bem objectivo da aplicação pública dos impostos (relembrar as infra-estruturas que eu referi acima). Se não quiserem contribuir para a manutenção dessas infra-estruturas, então coerentemente não deveriam ter a possibilidade de usufruir delas... o que tornaria os lucros impossíveis.

Aos cristãos eu digo, particularmente, relembrem-se do episódio de Mc 12:14-17.
"Dai a César o que é de César"
Sem dúvida que Jesus Cristo teria mais razões para duvidar da benignidade da aplicação dos impostos pelo Estado do então Império Romano. Afinal de contas, os seus irmãos judeus eram sobretaxados para pagar, entre outras coisas, a Cruz onde Ele foi crucificado.

Ainda assim, o preço da alternativa (a anarquia fiscal com o consequente colapso do Estado) era muito superior... até mesmo em termos humanos.


3) A deslocalização da sociedade Jerónimo Martins é legal.

As pessoas têm alguma dificuldade em perceber que legalidade é diferente de moralidade.

É bem possível que comportamentos imorais sejam legais: veja-se o caso da actual lei iníqua do aborto. Ou, para ser mais consensual, veja-se o caso do extermínio judeu no III Reich. O facto de serem legais não os torna legítimos. A Justiça não deriva da lei positiva, graças a Deus (literlamente!)

Por outro lado, é bem possível que comportamentos morais sejam ilegais: veja-se a perseguição aos cristãos no Império Romano... ou até actualmente em tantos países islâmicos.

Para alguém com recursos para bons advogados, é sempre possível encontrar loop-holes na Lei. Mas tal é uma perversão da Lei. E, logo, é imoral.

4) Portugal não é competitivo com a carga fiscal que se impõe actualmente às empresas. Portanto, a mudança para melhores ambientes fiscais (vg: Holanda) está perfeitamente justificada.

A Holanda pode ter melhor carga fiscal. Mas também tem outras coisas, que a ajudam a ser tão desenvolvida economicamente. Nomeadamente, tem melhores salários.

Dizer que Portugal não é competitivo porque tem uma carga fiscal elevada... e depois utilizar os salários portugueses para pagar aos trabalhadores portugueses é de uma incoerência brutal. Então a Holanda não é mais competitiva? Porque não usam trabalhadores holandeses? Ou então, por que não pagam aos trabalhadores portugueses com salários holandeses correspondentes?

Ah pois! Porque pagar salários holandeses não seria "competitivo"... Afinal, a Holanda não é tão competitiva como se pensava!

Estes empresários querem ter sol na eira e chuva no nabal! Não pode ser!

Este tipo de "competitividade" tem um nome: chico-espertismo! Ou até, na minha opinião, ganância ou desonestidade!

5) A Constituição Europeia consagra os princípios de equidade fiscal. Num mundo globalizado e com a moeda única, esse tipo de distinções geográficas não faz sentido.

Este argumento "begs the question" relativamente à benignidade da Constituição Europeia, da Globalização ou da Moeda Única. Eu não considero que nenhuma delas seja boa (pelo menos, na actual configuração). Logo, não aceito que sejam usadas para justificar estes empresários.

6) As maiores empresas do PSI-20 estão deslocalizadas desta forma. O Continente também tem sede na Holanda.

Este tipo de argumento "everybody's doing it" fazia muito furor no liceu, mas agora somos todos adultos, OK? Todas essas empresas padecem do mesmo mal, todas elas estão a cometer a mesma imoralidade.

7) A primordial responsabilidade de uma empresa é para com os seus accionistas e trabalhadores, não para com o Estado. O dinheiro dos impostos retira riqueza aos accionistas e trabalhadores, gerando pobreza.

Esta não é uma questão de "ou... ou". É uma questão de "e... e". As empresas têm uma responsabilidade para com os accionistas E para com os trabalhadores E para com o Estado.

Resta ao bom administrador saber qual a percentagem do lucro que vai para cada uma das suas "responsabilidades". Mas a empresa também tem uma responsabilidade social, como eu mencionei acima, pelos motivos supramencionados.

De resto, devo dizer que essa da "responsabilidade para com os trabalhadores" é risível. Só lá está para ficar bem na fotografia. Na esmagadora maioria dos casos, a Direita está-se borrifando para a responsabilidade das empresas para com os seus trabalhadores. Tal como demonstra a liberalização dos despedimentos que se avizinha.

É que a Direita padece de um grave unilateralismo. Segundo ela, apenas o capital produz riqueza. Esquecem-se que tal não é totalmente verdade. O que produz riqueza é capital + trabalho. Capital sem trabalho é incapaz de gerar um cifrão de riqueza. Senão, os empresários não necessitariam de contratar ninguém.

Este unilateralismo será exemplificado pelo seguinte argumento.

8) Portugal deveria passar menos tempo a condenar estes empresários e mais tempo a tentar retê-los / atraí-los para cá.

É interessante ver a blogosfera de Direita a usar desse argumento. Ainda há algumas semanas atrás, a propósito desta "brilhante" intervenção de Pedro Passos Coelho, os capitalistas fartaram-se de defender a sua dama, afirmando que os professores deveriam assumir as responsabilidades das suas opções profissionais e emigrar, se não encontrassem emprego em Portugal.

Quando lhes era apontado que a emigração tinha elevados custos para o país, porque Portugal tinha gasto muito dinheiro em qualificar mão-de-obra que agora iria ser usada no exterior... os capitalistas simplesmente ignoravam esses custos. Não é responsabilidade do Estado dar emprego a todos.

Aqui está a malta de Direita a querer ter sol na eira e chuva no nabal... outra vez!

E vê-se que a lógica que aplica aos empresários é completamente diferente da que usa para os trabalhadores. Mas este desprezo que os capitalistas têm pelo trabalho acabará por asfixiar o próprio capital. Como é que o capital vai gerar riqueza se todos os trabalhadores tiverem emigrado? E para que servirá a riqueza gerada, se as pessoas não tiverem salários suficientes para consumirem os produtos gerados?

É incoerente pedir condições especiais para reter os empresários em Portugal e desprezar o pedido de tais condições especiais para reter os trabalhadores em Portugal. É por isso que, como diz John C. Médaille, "o capitalismo mais não é do que um socialismo para ricos".

9) Vejam só esses invejosos dos portugueses a condenarem os empresários. É por isso que não atraímos investimento nenhum! A culpa não é do empresários... mas do Estado. Deveríamos passar menos tempo a culpar o empresário e mais tempo a culpar o Estado.

O Estado tem culpas? Tem, sim senhor! Serão denunciadas a seu tempo! Não é disso que estamos a falar!

Por outro lado, é perfeitamente legítimo que, numa altura em que é exigido a todos que se façam sacrifícios em nome da Nação, que os portugueses se sintam magoados (ou até revoltados) com a injusta repartição de tais sacrifícios.

É comovente ver a Direita a dizer: "A culpa não é do indivíduo mas da má, má sociedade".

10) ... blá, blá, blá, Argumento ad hominem, blá, blá, blá...

Tenho os meus impostos em dia e nunca abasteci gasolina em Espanha.

5 de dezembro de 2011

Liberdade e Mercado


Toward a Truly Free Market: A Distributist Perspective on the Role of Government, Taxes, Health Care, Deficits, and More, John C. Médaille

1 de julho de 2011

La Libertad del Polvo


Esa Economía había dicho que el trabajo era una mercancía que se regulaba, como las demás, por la ley de la oferta y del pedido, y la Economía social católica contesta: No; el trabajo, como ejercicio de la actividad de una persona, no es una simple fuerza mecánica, es una obra humana que, como todas, debe ser regulada por la ley moral y jurídica, que está por encima de todas las reglas económicas.

Esa Economía había dicho que el contrato de trabajo era asunto exclusivamente privado, que sólo interesaba a los contratantes; y la Economía católica contesta: No; el contrato de trabajo es directamente social por sus resultados, que pueden trascender al orden público y social; y la jerarquía de los poderes de la sociedad, y no sólo del Estado, que es el más alto, pero no el único, tienen en ciertos casos el deber de regularlo.

La Economía liberal había dicho que el principal problema era el de la producción de la riqueza, y la Economía católica contesta: No; el principal problema no consiste en producir mucho, sino en repartirlo bien, y por eso la producción es un medio y la repartición equitativa un fin, y es invertir el orden subordinar el fin al medio, en vez del medio al fin.

La Economía liberal decía: Existen leyes económicas naturales, como la de la oferta y la demanda, que, no interviniendo el Estado a alterarlas, producen por sí mismas la armonía de todos los intereses. La Economía social católica contesta: No existen leyes naturales que imperen en el orden económico a semejanza de las que rigen el mundo material, porque el orden económico, como todo el que se refiere al hombre, está subordinado al moral, que no se cumple fatal, sino libremente, y no se pueden armonizar los intereses si antes no se armonizan las pasiones que los impulsan; y no es tampoco una ley natural la de la oferta y el pedido, porque ni siquiera es ley, ya que es una relación permanentemente variable.

La Economía liberal decía: La libertad económica es la panacea de todos los males, y la libre concurrencia debe ser la ley suprema del orden económico. Y la Economía social católica contesta: No; el circo de la libre concurrencia, donde luchan los atletas con los anémicos, es el combate en donde perecen los débiles aplastados por los fuertes; y para que esa contienda no sea injusta, es necesario que luchen los combatientes con armas proporcionadas, y para eso es preciso que no estén los individuos dispersos y disgregados, sino unidos y agrupados en corporaciones y en la clase, que sean como sus ciudadelas y murallas protectoras, porque, si no, la fuerza de unos y el poder del Estado los aplasta.

La antigua Economía liberal decía, refiriéndose al Estado en sus relaciones con el orden económico: Dejad hacer, dejad pasar. Y la Economía católica contesta: No; esa regla no se ha practicado jamás en la Historia. Los mismos que la proclamaron no la han practicado nunca; y es un error frecuente el creerlo así, en que han incurrido muchos, y entre ellos sabios publicistas católicos, por no haber reparado que la antigua sociedad cristiana estaba organizada espontáneamente y no por el Estado. Aquella sociedad había establecido su orden económico, y no a priori y conforme a un plan idealista, sino según sus necesidades y sus condiciones; y cuando el individualismo se encontró con una sociedad organizada conforme a unos principios contrarios a los suyos fue cuando proclamó la tesis de que no era lícito intervenir en el orden económico. Lo que era precisamente para derribar el que existía, por medio de una intervención negativa, que consistía en romper uno a uno todos los vínculos de la jerarquía de clases y corporaciones que lenta y trabajosamente habían ido levantando las centurias y las generaciones creyentes. Porque ¿qué intervención mayor cabe que romper una a una todas las articulaciones del cuerpo social y disgregarle y reducirle a átomos dispersos, para darle, a pesar suyo, la libertad del polvo, a fin de que se moviese en todas direcciones según los vientos que soplasen en la cumbre del Estado?

La Economía liberal decía... pero ¿a qué continuar, señores, si habría que recorrer todas sus afirmaciones y teorías para demostrar que sólo han dejado tras de sí, al caer sepultadas por la crítica, los escombros sociales entre los cuales corre amenazadora como un río de odio, que será después de lágrimas y de sangre, al través de todas las sociedades modernas, la que se llama por antonomasia la cuestión social, engendrada principalmente por la Economía liberal, que fue la pesadilla del siglo XIX y que es la premisa de las catástrofes el siglo XX?

OBRAS COMPLETAS DE VÁZQUEZ DE MELLA . Regionalismo. Tomo I.

19 de junho de 2011

A Restauração da Propriedade Privada

Hillaire Belloc

Let it be remembered that this aim of ours for the restoration of private property among a determining number of the community, the distribution of property among the masses of citizens who should thus be made free, does not contradict state ownership of certain functions. What it contradicts is the false doctrine of general or preponderant state ownership, or what is worst of all universal State ownership. The State exists for the family and the individual; not these for the State.
In many European countries where highly divided property is the rule, railways are State owned, and in all without exception, the Post Office.
There is no hard and fast line, but the general principle is clear enough. Any free and well ordered state includes a proportion of State ownership which is based upon private ownership in the hands of as many citizens and families as possible at any rate, of so many as to make the principle determining character of society. Such ownership may be co-operative in the form of the Guild where large units are necessary or as in the case of nearly all agriculture and a great deal of industry as well, owned in small units by craftsmen.
The function of distribution should also follow the same lines. Where there must be concentration in a large unit, that unit should be organized as a Guild; but in the vast majority of cases a small unit of distribution—the small store—is sufficient.

25 de abril de 2011

Compreender as transformações no Status Quo - Distributismo e Trabalho Assalariado

Gosto muito que o Rui Botelho Rodrigues goste muito de mim - isto é amizade viril, logo não tem mal nenhum que se fale desta maneira.
Penso que o Rui, no entanto, tem uma noção muito pouco correcta sobre o que será o Distributismo - por isso é que neste texto o Rui usa uma dialética muito gira: os distributistas são os defensores da preguiça, esses católicos cínicos maníacos com a pobreza (e aparentemente esquecidos do pecado da preguiça), e os capitalistas são os John Galt que puxam a máquina do mundo com o seu investimento privado. Não é, no entanto, de admirar. A escola austríaca é pródiga na teoria económica aplicada a todos as coisas, desde a filosofia ao catolicismo e passando, se possível, pela gastronomia.
O texto do Rui pode ser desmontado argumento por argumento:
- Os distributistas não advogam o retorno à sociedade feudal, mas somente a uma sociedade acapitalista. Existem ainda várias outras formas de vínculo social que não consistem apenas na obtenção do máximo lucro;
- A existência de acumulação de capitais na Idade Média comprova tanto a existência de um pensamento capitalista na mesma como a existência de cooperativas e outras entidades acapitalistas nesta Era comprova o contrário;
Mais um dos problemas imaginários do distributismo não é, Rui, o facto de a população ter crescido e já não haver espaço para dar a todas as famílias um quintal. A verdade é que tal seria possível, e caberia toda a população mundial no estado do Texas, pelo que diz a Overpopulation is a Myth (ver vídeo, 1:02). No entanto, o tema reveste-se de uma problemática social: desde o século XIX não só assistimos à total desprotecção dos pequenos proprietários dos abusos dos mais poderosos, como ao uso do Estado pela parte da burguesia para criar uma população de proletários dispostos a trabalhar a preços baixos. Não nos chateia haver gente com mais comida: chateia-nos ver que as sociedades se afundam sob a ameaça da carestia porque as pessoas não controlam minimamente o seu acesso à alimentação. As pequenas propriedades eram insuficientes para alimentar famílias, dizem os "historiadores" austríacos dos tempos pré-Revolução Industrial - com certeza, mas proliferavam os mercados regionais e a cooperação entre famílias. Querem saber o que mais aumentou com o bum populacional da era capitalista? A prostituição,as doenças venéreas, os divórcios, a morosidade da justiça, as guerras mundiais/totais, a democracia de massas, a vulgarização da religião e da cultura. É incrível que os austríacos usem apenas os critérios materialistas que lhes apetece na sua argumentação. No entanto, connosco não há tretas.

E é neste momento que vemos a peça mais preciosa do edifício argumentativo de RBR: ao contrapor ao "imobilismo" distributista as inovações do espírito capitalista, RBR enumera conquistas... patrocinadas pelos Estados. A criação de vacinas, a Internet, o crescimento da população, computadores, tudo conquistas deste tempo em que o capitalista, para remover todo o tipo de riscos ao seu investimento, usa o Estado. E é aqui que todo o edifício austríaco rui tão desassombradamente como ruiu Cartago, caro Rui: são consideravelmente mais numerosas as inovações feitas através do Estado, directa e indirectamente, nestes últimos dois séculos, do que nos tempos acapitalistas, onde de facto a iniciativa privada era incontestavelmente mais activa que o Estado. Vacinas, Internet, etc. são tudo coisas muito bonitas que só vieram tão rapidamente ao domínio público porque surgiu um enorme investidor, o último investidor capaz de investir a fundo perdido - O Estado.

A criação da mentalidade capitalista preconizada pela escola austríaca está intimamente ligada à criação do Estado Moderno. Os austríacos usam a mesma estrutura filosófica - a rejeição da metafísica, o individualismo metodológico, a Felicidade como resultado da harmonia de Vontades - mas rejeitam o que vem a seguir: o Homem-Massa, o burguês, a manipulação da opinião pública. Explicar a um austríaco que o seu capitalismo é o pai do mesmo socialismo contra quem eles lutam é como procurar ensinar um lobotómico a bater palmas. É o problema de usar dois filósofos medíocres como Rothbard e von Mises (excelentes economistas, no entanto) como fundamento de uma opinião sobre a máquina do Mundo.

Teria muita pena de não falar com o Rui pela Internet, como é claro. No entanto, com os mesmos propósitos da Internet criou-se a Bomba Atómica: será que está para breve o desaparecimento de RBR da blogosfera?

15 de abril de 2011

Distributismo na Blogosfera


O gosto ou deleite é o sentimento que brota da alma, quando contemplamos o belo, o qual é objecto de estudo da estética.
Amor é o apetite que nasce dentro de nós, sempre que se vê o bem. Chama-se ética a ciência que analisa este atributo.
O êxtase é o arrebatamento que vivemos de cada vez que a nossa inteligência alcança a verdade. Cumpre à ontologia defini-la.
A verdade, a bondade e a beleza do Ser têm um carácter de universalidade e de necessidade absolutas e são, por isso, perfeitamente objectivas. Só se captam se virmos o Ser na sua unidade transcendente.
A unidade do Ser provoca no nosso espírito uma sensação de equilíbrio, dá-lhe a justa proporção das coisas. Quando esta harmonia se rompe e nos esquecemos que o Ser possui determinada multiplicidade (contra o que afirma o racionalismo), ao mesmo tempo que apresenta certa unidade (o que é negado pelo empirismo), torna-se inútil buscar o que ele tem de verdadeiro, de bom e de belo. Com efeito, quer o empirismo, quer o racionalismo são incapazes, isoladamente, de perscrutar, por forma satisfatória, os deslumbrantes horizontes da metafísica.
Os princípios de identidade, de causalidade e de finalidade, que reflectem os atributos transcendentais do Ser, estes primeiros princípios metafísicos encerram, como se verá melhor, a condenação dos sistemas económicos dos tempos modernos. Há quem prescreva, como remédio para este mal que se arrasta, parecendo que se eterniza, aquilo que designam por terceira via e que mais não é do que a confusão do sincretismo. Quanto a mim, só na tradição se acha resposta adequada a este candente problema. E não falo em tradição por nos devolver um modelo que precedeu socialismo e capitalismo: isso atirava-nos para os braços do conservadorismo, que nunca deixa de ser grosseiro uma vez que é relativo. Eu remeto para a tradição, porque ela transporta, in se, a carga preciosa dos valores ônticos que se impõem ao nosso entendimento e ao nosso querer.
É sobre esta base que importa reconstruir o edifício económico, tão danificado por sucessivos abalos. Essa tarefa repousa em pontos muito inequívocos.
Analisemos pois o fenómeno, segundo os ditames da Tradição:

Donde provém a riqueza? --- Dos bens existentes e do trabalho realizado pelo homem. Falhando um destes elementos, não há riqueza.
A natureza, tal como o homem a encontra e em cujo processo de transformação não interveio nem intervém, constitui a causa material extrínseca da riqueza; o trabalho é a sua causa formal; o produto deste trabalho utilizado para novas transformações dá-nos a sua causa instrumental eficiente; o sujeito, que trabalha, tem a nobilíssima dignidade que cabe a toda a causa eficiente principal; e o bem-estar material do homem, ordenado à sua perfeição espiritual, proporciona a causa final.
A causa material extrínseca e a causa instrumental eficiente preenchem o conceito vulgarmente designado por capital. Mas porque não se pode precindir de nenhuma das causas acima enunciadas sob pena de não termos riqueza --- a própria causa final tem de se fazer sentir, mesmo desvirtuada, visto que «omne agens agit propter finem» (1) ---, somos forçados a concluir que capital e trabalho são indispensáveis na produção de qualquer bem económico, sem nunca esquecer a altíssima condição de quem é seu agente: a pessoa humana, categoria máxima de toda a realidade que aqui tratamos.
Pondo de parte o homem e o trabalho por ele desenvolvido, assim como o aspecto teleológico da produção de bens económicos, os outros factores de riqueza --- e que, em si mesmos, já são riqueza --- constituem aquilo a que se chama património.

O património é a face estática da riqueza. Esta, no seu aspecto dinâmico, toma o nome de rendimento.

O rendimento assume quatro modalidades: salário, quando é a remuneração da actividade exercida pelo trabalhador; juro, se é contrapartida daquilo que o capitalista investe; renda, quando corresponde a valores económicos na raiz de cujo desenvolvimento se situa a propriedade sobre imóveis; lucro, se é a paga dos bens devidos ao empresário, no meio da incerteza que este suporta. Todos estes agentes --- trabalhador, capitalista, proprietário ou empresário --- todos eles (e convém não perder de conta que nada impede a reunião, na mesma pessoa, de mais de uma daquelas qualidades), todos, sem excepção, impulsionam as mudanças que se dão no circuito económico e, por esse facto, merecem ser compensados através de créditos.
Para um juízo ético sobre tais formas de enriquecimento, é indiferente a distinção. Não há necessariamente qualquer desordem nelas: todas são legítimas desde que se observe uma correcta proporção entre aquilo que se presta e o que se acumula; e qualquer delas é imoral, se esse equilíbrio se desfaz.
Exposto isto, detenhamo-nos um pouco mais sobre o laço que une capital e trabalho:

A sua união é tão estreita que não conseguem existir um sem o outro. O insuspeito Marx não duvidava reconhecer que «o trabalho não é a única fonte (...) da riqueza material» (2) e logo, invocando William Petty, acrescentava que «o homem é o pai dessa riqueza e a terra é a mãe» (3). Noutro lugar da mesma obra, afirma que é impossível «produzir botas sem cabedal» (4) e que «(...) hoje, como no primeiro dia da sua aparição na cena do mundo, o homem é obrigado a consumir antes de produzir e enquanto produzir.» (5)

O trabalho, isolado do capital, é como o escultor que nada cria, porque o separaram da pedra bruta, da qual devia sair, com vida, a estátua sonhada. Por outro lado, de que serviria o capital, se não desse frutos? E como daria frutos, sem uma aplicação? E para quê aplicá-lo, se não fosse trabalhado?

É pois o trabalho que dá forma ao capital, mas, sem este, o trabalho também não teria onde actuar. Cindir trabalho e capital é o pecado ontológico levado ao campo da economia. No domínio do pensamento, a ruptura da unidade do Ser provocou os erros do empirismo e do racionalismo, correntes que se perfilam numa relação de antagonismo, sem encontrar remédio por mais que o procurem, porque cada uma delas está amputada do que a outra tem.

Em economia, essa quebra de harmonia trouxe-nos as falácias do capitalismo, a que se opuseram as utopias socialistas.Nenhum destes modelos se pode oferecer como solução alternativa. As promessas de salvação, como as apregoam, são de realização impossível. Ambos se revelam incapazes de brindar os povos com a felicidade que anunciam. A estrutura de um e de outro padece de um gravíssimo vício de origem --- a já assinalada falta de unidade ontológica.
Este duelo há-de prosseguir enquanto os filósofos voltarem costas á lição perene da escolástica e os políticos ignorarem o exemplo das corporações medievais, experiência que mereceu os mais rasgados elogios a próceres do comunismo, que não ocultaram as excelências daquele sistema laboral (6). O confronto só acabará quando se operar a integração do elemento formal no elemento material da realidade económica.

Regressamos, assim, ao ponto de partida: a riqueza é o produto do capital informado pelo trabalho. A sua distribuição, portanto, tem de passar por estes dois factores e contemplar todos os agentes económicos envolvidos no ciclo da sua produção.
"As coisas são de quem nelas trabalha", tornou-se num estribilho que não é invulgar ouvir no grémio socialista. Esta ideia constitui mesmo um dos pilares da sua doutrina. É uma sentença que encerra alguma verdade. Porém, tal como está enunciada, deixa a impressão de que só quem trabalha é dono das coisas que trazem a marca do seu esforço activo.

De qualquer modo, a frase citada é frequentemente proferida. Bastante defeituosamente, mas é. Ao menos, seria razoável esperar uma atitude de coerência por parte dos seus autores. Mas nem isso acontece. Quando a gente conta que eles surjam a censurar as mais-valias, repudiem heranças, recusem doações, enfim, virem costas a todo o tipo de liberalidades, é vê-los cada vez mais sôfregos de bens que não derivam de trabalho por eles realizado. Agarram-se gulosamente à riqueza que vai ter com eles e para cuja produção não mexeram um dedo; e negam-se a repartir lucros por todos quantos interferem na génese dos proventos que lhes tocam. Impávidos na teoria económica que soltam das suas bocas enganosas, não vêem consequências de maior por afirmar que as coisas são de quem nelas trabalha, pois, nisto de dividir, o quociente nem sempre é o mesmo --- quando chega a altura só os privilegiados aparecem no divisor.
Não lhes chamemos poços de ganância. É uma injustiça! Eles são os novos franciscanos. Não estão famintos de dinheiro: o que têm é que os seus hábitos de vida traduzem um estilo novo de entender a grandiosa ascese escondida na regra humilde do poverello de Assis.
Por banda do capitalismo, assiste-se ao culto da liberdade de mercado. Mas a liberdade, de que falam, é a que permite o triunfo saído de um jogo de forças, que se chocam dentro do maior relativismo de valores e em condições muito próximas, pela sua correspondência e pelo que têm de equivalente, às vividas na lei da selva.

Os descamisados, que o liberalismo económico gera, vão engrossando as fileiras do exército de reserva industrial, um dos pontos de apoio da estratégia marxista que, naqueles deserdados da fortuna, cheios de revolta tantas vezes justa, descobriu uma força difícil de parar, da qual se serviu para a concretização dos seus propósitos.
Uns e outros --- socialistas e capitalistas --- idolatram, com o mesmo fervor, o metal luzente. No socialismo, temos um regime penitenciário, onde, debaixo da ameaça do chicote, se anda por caminhos previamente definidos e só por aí. O capitalismo, aparentemente, dá outra soltura até que o assalariado percebe que tem de aceitar as condições de trabalho oferecidas, sob pena de nem isso conseguir e morrer à míngua de sustento. A sujeição é de diferente espécie, mas é do mesmo grau --- viola brutalmente os direitos da pessoa humana.

Desenganemo-nos: só se avançará na justiça social com o regresso à ordem tradicional, porque é a única que está de acordo com a natureza das coisas!


Joaquim Maria Cymbron
________________________________
S.Tomás de Aquino --- Summa Theologica I, q. 44, a. 4.
Karl Marx --- O Capital, I, Delfos, 7.ª ed., p. 21.
Ib.
Op.cit., p. 103.
Ib.
Karl Marx: «As leis das corporações da Idade Média impediam metodicamente a transformação do mestre em capitalista, limitando por éditos rigorosos o emprego de artífices que não pertencessem ao seu ofício. A corporação guardava-se igualmente com um zelo ciumento de toda a incursão do capital comercial (...). O comerciante só era suportado a título de retalhista, podia comprar todo o tipo de mercadoria, exceptuando o trabalho. Quando circunstâncias exteriores necessitavam de uma progressiva divisão do trabalho, as corporações existentes subdividiam-se (...) ou então formavam-se novas corporações ao lado das antigas, sem que ofícios diferentes fossem reunidos na mesma oficina. A organização corporativa excluía portanto a divisão manufactureira do trabalho, embora desenvolvesse as suas condições de existência, isolando e aperfeiçoando os ofícios. Em geral, o operário e os seus meios de produção ficavam soldados um ao outro como o caracol à sua casca.» (Op.cit., p.225). Mais adiante, lê-se: «(...) o aparecimento do capitalista apresenta-se como resultado de uma luta vitoriosa contra o poder senhorial com as suas prerrogativas revoltantes, e contra o regime corporativo com os entraves que punha ao livre desenvolvimento da produção e à livre exploração do homem pelo homem.» (Ib., p.443). Continuando, diz aquele autor: «A classe assalariada, que surgiu na última metade do século XIV não formava então, como no século seguinte, mais do que uma pequena parte da população. A sua posição estava fortemente protegida, nos campos, pelos camponeses independentes, na cidade pelo regime corporativo dos ofícios. (...). Uma grande parte do produto nacional, transformada mais tarde em fundo de acumulação capitalista, entrava ainda então no fundo de consumo do trabalhador.» (Ib., p.459). Já no ano de 1848, Marx anunciara que os proletários «tentam recuperar pela força a posição perdida do artesão da Idade Média.» (MANIFESTO DO PARTIDO COMUNISTA, Publicações Nova Aurora, Lisboa, 1976, p.53). Posteriormente, o seu indefectível amigo e companheiro na fundação do socialismo científico, vem depor como segue: «A indústria do artesanato medieval, local e corporativo, impossibilitava a existência de grandes capitalistas e de operários assalariados por toda a vida, tal como os cria, necessariamente, a grande indústria moderna, o actual desenvolvimento do crédito e a evolução correspondente das formas de troca, a saber: a livre concorrência.» (ANTI-DÜHRING, Edições Afrodite, 2.ª ed., p.185).

JMC

PUBLICADA POR JOAQUIM M.ª CYMBRON

14 de abril de 2011

Apresentação de um camarada

Prezados amigos e leitores.

Estimados companheiros de luta.

Agradeço o convite do Manuel Rezende e a companhia dos autores deste blogue. Será um magno gosto contribuir para a discussão e projecção de tão elevada doutrina.

A tentação dos iniciados é começar por grandes temas subjazendo-os a uma lógica - quase metafísica - e desprezando os acontecimentos, a realidade material mais pequenina, considerando-a imerecedora de atenção intelectual. Mas ambos são necessários para que da nossa árvore nasça um fruto que as gentes possam, de facto, degustar proveitosamente.

Por fim, deixo-vos a ligação para um dos textos fundamentais da Humanidade e a partir do qual se pensou o Distributismo:

Encíclica Rerum Novarum (em português):
http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum_po.html


10 de abril de 2011

A Ira do Assalariado

So it has been with the wage-worker. So long as most citizens owned land and instruments and house-room, and the rest, then it was a natural contract for one man to take wages from another. The wage worker might himself be an owner, adding to his income for the moment by a particular bit of work; or if he saved on his wages he could become an owner. The number of wage-workers working for one particular man was small. The relations between the citizen who paid the wage and the citizen who earned it was personal and human. But when, under the action of competition and the use of expensive and centralized machines, and rapid communication, you had thousands and thousands of men working at a wage under one paymaster or corporation, things were utterly changed—and that is where we stand today. Our industrial society has become divided into a very large body which lives wholly, or almost wholly, on wages, that is on food, clothing, and housing doled out to it at short intervals by a much smaller number of paymasters, who control capital: that is, stores and reserves of land, housing, clothing and food.

The human relation has disappeared, you have the naked contrast between an employing class exploiting a vastly larger employed class for profit. The interests of the two are directly hostile. The wage-worker is the enemy of the paymaster. It is the business of the paymaster to give the wage earner as little as possible, and to make him work as hard as possible for that little. It is the business of the wage-worker to work, and therefore to produce, as little as possible for as much as he can get out of the paymaster. The whole scheme of wealth production becomes irrational and topsy-turvy. The paymasters, who direct, do not aim at wealth production—which serves us all—but at their own profit. The wage-worker does not aim at wealth production by his work, but on the contrary, at working as little as possible for the largest pay.

Meanwhile, every sort of social abomination arises from this evil root. There is the spiritual abomination of what is called “Class Hatred.” The oppressed hating the oppressor. There is the corresponding spiritual abomination of contempt, injustice, and falsehood. The secure oppressor despises the wage-earner, does him the injustice of using his labor without thought if the wage-earner’s advantage or of the community, and he tells a falsehood that was a truth at the beginning of the affair but is now a lie: he says that all this is based on free contract and is therefore rightly enforced by the courts of law and the armed services of the community.

Excerto de The Wage Worker, por Hilaire Belloc

Breves notas introdutórias ao tema deste blogue





Breve nota

9 de abril de 2011

Trabalho como Factor de Civilização

O regulamento favorecia os mestres e também, pelo menos em princípio, a clientela, visando uma produção qualitativa. Violar a qualidade era trair tanto o ofício como o cliente. É este o motivo por que os artigos fabricados com desprezo pelas regras eram declarados falsos, tal como a moeda falsa, sendo os infractores quase igualmente perseguidos. Existia um ideal de fabrico, que as regras do ofício protegiam. O culto da «obra bela», da «obra-prima» - aliás tardio -, apesar de não ocultar as facetas menos desagradáveis da realidade, mostra que pelo menos que o factor trabalho era um factor de civilização cristã e não apenas um factor de produção.

Guy Fourquin, História Económica do Ocidente Medieval

7 de abril de 2011

Distributismo e Fascismo

Governo mínimo, estável, competente e eficiente. Uma sociedade empenhada num compromisso social entre as diferentes classes e grupos. Harmonia, em vez de luta de classes. Um Estado cujos limites se situam na história e na dinâmica cultural e religiosa da Sociedade em que se insere. Um Estado constituído por comunidades vivas, fortes e pequenas. Diversidade na Unidade.

Isto é o Distributismo.

Nada mais distante pode existir do Nacional-Socialismo e do Fascismo - Estatismo Nacionalista. O Estado Gigantesco, a ditadura da Secretaria, a Economia constrangida pelos ditames de uns reguladores sem escrúpulos. O freio total da liberdade produtiva - um novo pombalismo. A Sociedade relegada para os planos de produção quinquenal de um Ministério da Propaganda. Mega-cidades e um tipo genético estipulado de cidadão de confiança - o desprezo da realidade histórica e a destruição da diversidade, em nome de uma ideia de história nacionalista criada pelos ideólogos do regime. Uniformismo e Homogeneidade.

O Distributismo é um exercício de memória, de uma época em que o Leviatã era ainda um perigo distante. O Nacionalismo Económico é o filho predilecto da Revolução Francesa - o aborto demoníaco de uma época de decadência.
For the authoritarian nationalist conception of the State represents something essentially new. In it the French Revolution is superseded. (...) We have modernized and ennobled the concept of democracy. With us it means definitely the rule of the people, in accordance with its origin. We have given the principle of Socialism a new meaning. ... Never have we left anyone in doubt that National-Socialism is not for export. ... We do not aim at world domination, but we do intend to defend our country, and it is our new conceptions which give us the inexhaustible and ever-renewed strength to do so. ...
Las tres hipóstasis del egoísmo son: el individualismo, el nacionalismo, el colectivismo.
La trinidad democrática.
Nicolás Gómes Dávila